¿Por qué engordamos durante la menopausia?

¿Por qué engordamos durante la menopausia?

Hoy, quiero compartir con vosotras  una de las principales razones por las que con  la llegada de la menopausia a nuestras vidas, engordamos.

Para más comodidad, podéis escuchar el post en este enlace de ivoox

Antes que nada. Decir que voy a ser bastante incorrecta técnicamente hablando. Voy a referirme a la menopausia  como un todo, no simplemente como la fecha  cuando la mujer deja de menstruar definitivamente,  sino también a los años anteriores y posteriores a esta, lo que se denomina  premenopausia  y  climaterio. Porque los cambios que se dan en el cuerpo de la mujer por la bajada de las hormonas sexuales femeninas, principalmente estrógenos y  progesterona,  duran varios años.  Quiero utilizar los términos más coloquiales posibles siempre que no perjudiquen la comprensión del tema. 

Si queréis aprender un poco más  sobre lo que significa cada término  y sobre la función que la naturaleza nos da con la menopausia, podéis hacerlo leyendo mi anterior  post  Menopausia ¿En qué se parece una mujer a una ballena? . El título no es una broma.

Decir también que para facilitar la comprensión de los temas  de los que voy a hablar, voy a ser bastante simplista. Somos organismos muy complejos y hay muchos mecanismos que intervienen a la vez y  circunstancias  muy diversas en la vida de las mujeres, por lo que es imposible tratar toda esta información en unas pocas líneas.

Pero vamos a lo que venimos.

Uno de las consecuencias más frecuentes de la menopausia es el aumento de peso que para muchas mujeres suele rondar sobre los 4 o 5 kg, pero para otras es mucho más. Y no sólo el aumento de peso, sino también, la dificultad para bajarlo y mantenerlo. Además, se produce un cambio en la distribución de la grasa corporal  que se nos pone ahora, alrededor de la cintura y nos adelgaza las piernas. Lo que en mi casa, en tono de humor, decimos que se  nos pone TIPO  POLLO.

Este aumento de peso se debe a que la bajada de hormonas sexuales, durante la menopausia hace que nuestro organismo  responda peor a la insulina.

Y ya sabemos, que la insulina es la hormona encargada de controlar el azúcar en la sangre. Lo lleva hacia las células del cuerpo  para que les sirva de energía para realizar sus funciones y hace que el sobrante se almacene en forma de glucógeno o de grasa.  El almacenamiento del glucógeno sería como una cuenta corriente  de energía del organismo. Sus  bancos o almacenes son el hígado y  los músculos y podríamos decir que es una fuente de energía  bastante rápida pero escasa. Pero la  grasa  es la verdadera cuenta de ahorro de nuestro organismo. Se almacena en las células grasas que  la cuidan con esmero, reservándola  para cuando hay  verdadera escasez.

El azúcar es importantísimo porque es nuestra principal fuente de energía. No la única, pero si la más rápida y eficaz.  Aunque el azúcar tiene un pequeño problemilla. Allá por donde pasa, lo va dejando todo pringoso y  perdido, entorpeciendo el normal funcionamiento del organismo. Por eso, el páncreas, que es el órgano encargado de liberar la insulina, se pone en marcha con sólo pensar en que vamos  a comer, para que cuando entre el azúcar en sangre ya esté ahí la insulina, preparada para llevarlo a donde tiene que estar y no vaya incordiando por el torrente sanguíneo.

Subrayo la palabra pensar, porque más tarde sacaremos alguna deducción sobre ella.

Así pues, el azúcar  es la principal fuente de energía y es, a la vez, un tóxico para nuestro organismo,  si está  presente en  grandes cantidades en el torrente sanguíneo.  Muchas de vosotras conoceréis a personas diabéticas, que tienen el azúcar en sangre elevado, que acaban teniendo problemas serios de salud, en la vista, en los riñones, o que incluso les han tenido que cortar una pierna por alguna heridita que se hicieron en el pie, que no pudieron curar, porque el azúcar impedía que las células encargadas de reparar y curar esa herida, actuaran correctamente.

Y muchas de vosotras podéis pensar que no coméis azúcar, o casi nada. Y tenéis razón. Pero es que no me refiero al azúcar que ponemos en el café o el que usamos al hacer un dulce. Me refiero a un tipo de azúcar, llamado glucosa, que se produce en la digestión de cierto tipo de alimentos, cuyo contenido principal son los carbohidratos.  En este punto, no estoy siendo muy exacta, porque el organismo puede obtener glucosa,  también, de las proteínas. Pero de estas  nos encargamos en otro capítulo. Ahora vamos a seguir con nuestra amiga la insulina.

La insulina es como un agente secreto, que cuando llega a las células les tiene que dar el santo y seña correcto para que estas se abran  y dejen pasar el azúcar/ glucosa  y puedan utilizarla como fuente de energía.  Pero con la menopausia, parece que las células se vuelven un poco sordas y no le hacen mucho caso a la insulina. Es como si pensaran que se ha convertido en un espía doble y no se fiaran demasiado de ella.  Eso se conoce como resistencia a la insulina. Bueno. A ver. Las células grasas son más confiadas y siguen haciéndo caso a la insulina.  Y  como consecuencia, tenemos, por un lado, unas células que no están obteniendo la energía suficiente para trabajar,  y están muy cansadas y hambrientas.  Y por otro, las células grasas, que van a empezar a acumular más de lo que les toca, porque el azúcar no se puede quedar por ahí rodando. Por eso durante la menopausia y alrededores engordamos, tenemos más hambre y estamos más cansadas… Y cuando estamos cansadas y hambrientas, tenemos menos ganas de movernos y puede que estemos un poquito más sensibles e irritables de lo normal.

Y aunque las células grasas son muy majas, pues nos sacan del  apuro de tener demasiado azúcar en sangre y guardan nuestra fuente de energía en forma de grasa. Oro puro para nuestro organismo.  A veces, cuando  comemos mucho azúcar, en forma de azúcar puro o en alimentos con muchos carbohidratos, este azúcar, esta glucosa,  entra como un maremoto en nuestro organismo. Como un tsunami.  Entonces, el páncreas, que había liberado algo de insulina porque había detectado que íbamos a comer, entra en pánico y empieza a liberar insulina como un loco, para poder eliminar  del torrente sanguíneo  ese exceso de glucosa y  llevarla rápidamente a las células, que o están llenas o como ya he dicho  se van quedando sordas y no le hacen mucho caso a la insulina. Excepto, claro está, como ya hemos dicho, las células grasas, que son muy majas y que empezarán a crecer y a multiplicarse si esas avalanchas de azúcar se dan con frecuencia.

 Y de momento, problema resuelto. Pero  al cabo del tiempo,  estas células grasas empiezan a quejarse por el exceso de carga y a liberar unas sustancias llamadas citoquinas proinflamatorias que nos van a fastidiar un poquillo. Un poquillo, bastante, diría yo.  Muchas de vosotras las habréis oído nombrar  con referencia al Covid como “La tormenta de citoquinas”, que es lo que ha llevado a muchas personas a necesitar ingreso hospitalario o acabar en las UCIS.  Las de las células grasas no son tan rápidas, pero van fastidiando lenta e inexorablemente, causando inflamación de bajo grado en nuestro organismo y esta inflamación, está  en la base de muchas enfermedades como asma, artritis reumatoide, etc.  y  también del cáncer, del alzheimer, de la depresión y  de la misma obesidad.  Un poquito pasivo agresivas,  las tías.  Que por cierto, técnicamente hablando,  se llaman adipocitos.

Además, por si esto fuera poco, como el páncreas ha liberado tanta insulina ante la emergencia sanitaria  que le ha sobrevenido, no calcula bien  el mínimo de azúcar que tiene que dejar en sangre para ir tirando y nos deja bajo mínimos. Nuestro cerebro,  también reacciona en alarma:” NO  TENEMOS  ENERGÍA EN EL CUERPO”.  El cerebro, igualmente, entra en pánico y no reacciona bien, no mira la energía que tiene acumulada en nuestras células grasas. Y nos manda una sensación  de hambre o falta de energía, o  de mareo, o nauseas, o peor. UNA HIPOGLUCEMIA. Es por lo que en el mejor de los casos,  antes de las dos horas de habernos dado una comilona alta en  azúcares, estamos muertas de hambre otra vez.

Si repetimos muchas veces esta jugada, podremos agotar a nuestro páncreas, por obligarle a producir tanta insulina, tan frecuentemente, dando lugar a la enfermedad que conocemos como diabetes. Y como no. Nuestro cerebro se volverá majareta. Que por otro lado, es normal que se vuelva majareta, porque a diferencia del resto del cuerpo, las células del cerebro que se llaman neuronas, dependen casi exclusivamente de la glucosa (azúcar) para obtener energía. Y cuando se dan estas bajadas, tan bruscas, de azúcar en sangre, lo ponen en estado de alarma, una y otra vez .Y como consecuencia, estamos más sensibles, más irritables y lo vemos todo bastante negro.  Vamos. Que tenemos todos los boletos de la rifa para sufrir una depresión de la que llamamos endógena. Es decir, estás hecha un asco y no sabes por qué. No te ha pasado nada grave en tu vida, pero si te pasa, estarás en peor situación para afrontarlo.  Así que, eso de que los gorditos son más felices, es un mito, por esta y por muchas otras razones más.

Telita. La importancia de lo que comemos para nuestra salud y más en estas épocas en que las hormonas nos abandonan.

Iremos aprendiendo más, sobre la alimentación más adecuada para nuestra etapa vital y todo lo que en ella influye.

Una pincelada. Antes he subrayado la palabra PENSAR. Había comentado que con solo pensar en comida, vuestro páncreas  empieza a segregar insulina. Y ya sabéis que la insulina lleva el azúcar circulante en la sangre, hacia las células,  para que estas lo utilicen o lo almacenen. Por tanto, la insulina hace que bajen los niveles en sangre de azúcar, para prepararse para la entrada del nuevo cargamento. O sea, que nos baja el azúcar circulante y por tanto el cerebro nos manda la señal de hambre y falta de energía.  Moraleja. Bórrate de todas las páginas de Facebook que compartan recetas de pasteles, etc. Y por supuesto, tú mejor, ni los cocines. Si mirarlos ya nos afecta, porque los pensamos, no veas cómo reacciona nuestro organismo cuando los olemos. Olor a dulce, significa, que el cargamento que posiblemente entre, venga bien cargado. Y como consecuencia, habrá más insulina en sangre, menos azúcar circulante, más hambre, menos autocontrol.  Por tanto, no  tengas dulces por casa. Déjalos para las ocasiones especiales y terminado el evento, si sobran, regálalos, tíralos o lo que quieras, pero deshazte de ellos.

Retomaremos en otro post a nuestra amiga insulina y os presentaré a nuestro amigo el glucagón, cuando hablemos de la diabetes. Porqué esta enfermedad suele aparecer durante la menopausia, si no nos cuidamos. También, hablaremos, de cómo influye la menopausia en personas, ya diabéticas.

Trataremos con más profundidad, sobre cuáles son los alimentos cuya composición mayoritaria son los carbohidratos, que son esos nutrientes que se convierten en glucosa/azúcar por la digestión. Averiguaremos si son todos iguales, cuáles son más beneficiosos y cuáles deberíamos evitar.  Hablaremos también de los otros nutrientes principales para el organismo, las proteínas y las grasas y cómo se relacionan entre ellos.

Si hay alguna de vosotras más interesada en el tema podéis consultar los  artículos científicos que dejo en el post.

Muchas gracias por vuestra atención. Espero que os haya gustado el post y os haya servido de ayuda. Y si necesitáis un apoyo en esta etapa de vida, no dudéis en contactar conmigo y concertar una cita, online o  presencial.

Un abrazo muy grande y hasta pronto.

 

Weight, Shape, and Body Composition Changes at Menopause

Potential role of insulin on the pathogenesis of depression

Clinical Evidence of Antidepressant Effects of Insulin and Anti-Hyperglycemic Agents and Implications for the Pathophysiology of Depression—A Literature Review

Insulin resistance and obesity, and their association with depression in relatively young people: findings from a large UK birth cohort

Association of Insulin Resistance With Depression Severity and Remission Status

Defining a Metabolic Endophenotype of Depression

 

La imagen está tomada de freepick y su autor es rawpixel.com

Carmen Martínez

MENOPAUSIA

MENOPAUSIA

LA MENOPAUSIA

¿En qué se parece una mujer a una ballena?

Si hiciera esta pregunta entre mis amigos y familiares probablemente las respuestas que obtendría serían un tanto cómicas aunque quizá no exentas de verdad.

Y si les preguntara en que se parece una mujer menopaúsica a una ballena asesina, ya no te quiero contar como afinarían los tiros.

Y la verdad, es que existen parecidos y muy importantes. Ambas somos mamíferos y ambas somos de los poquísimos animales que vivimos un tercio de nuestra vida después de finalizar nuestro ciclo reproductivo.  El resto de animales mueren poco después que su capacidad reproductiva cesa, incluso  los primates que son nuestros parientes cercanos.

Como explica  este artículo  Evolution of Menopause publicado en febrero del 2018 en la revista Current biology,  que encontré cuando buscaba los últimos estudios científicos sobre la menopausia y el climaterio

La menopausia es una fecha muy significativa  en la vida de la mujer, es la fecha de su última menstruación. Aunque digamos que es una fecha, no consideraremos que la mujer es menopaúsica hasta que no han pasado, como mínimo, 12 meses desde el último sangrado. Es un proceso que dura años, antes  y después de la citada fecha. A ese proceso largo de años, lo llamamos climaterio y en el que se dan cambios hormonales en las mujeres  que tendrán como consecuencia principal el fin del periodo reproductivo de la mujer.

Notad que he escrito en negrita y subrayado las palabras consecuencia principal y aclararos que algunos autores  consideran el climaterio el periodo posterior a la menopausia y  nombran como premenopausia a los 4 o 5 años previos a la retirada del periodo menstrual.

La edad media en que las mujeres tienen la menopausia  son los 50 años, y esto es así en todo el mundo y ha sido así creemos que a lo largo de la historia, al menos así lo recogen los testimonios escritos desde el siglo V de nuestra era.

De forma paralela, las orcas que suelen tener una esperanza de vida de unos 80 años dejan de ser fértiles a finales de  sus 30 o en sus 40.   No  deja de ser sorprendente  la similitud.

Pero  ¿Qué sentido tiene para la naturaleza que  tanto ballenas como humanas vivamos  tantos años después de la menopausia?

Todo ser vivo  tiene dos funciones  básicas que son sobrevivir y reproducirse, esta última es  también, una forma de supervivencia, la supervivencia de sus genes y de tu especie.

Y si ya no nos podemos reproducir. ¿Qué hacemos aquí? (biológicamente hablando. Claro está)

Peter Medaway propuso por primera vez en 1957 la hipótesis de “La abuela”, postulando que cuando la mujer ya no puede procrear por si misma, sigue cumpliendo esta función biológica tan importante ayudando en la crianza de los hijos de sus hijos,  asegurándose así la supervivencia de la especie. Y teniendo en cuenta lo largo que es el periodo en el ser humano desde que nace hasta que puede desenvolverse por si mismo, sin esta ayuda, en las sociedades tradicionales y antiguas, las mujeres hubieran tenido muchos menos hijos.

Curiosamente, si observamos a las abuelas ballenas, es justo lo que hacen con sus nietos ballenatos.  No es broma. Podéis leerlo en el artículo  Evolution of Menopause que estoy comentando.

Hoy en día, en la sociedad española, muchos abuelos están cumpliendo esa función evolutiva tan importante.  No está nada mal saber que somos valiosos y valiosas para la madre naturaleza.

Unos párrafos más arriba  os he pedido que notaseis que había escrito en negrita y subrayado las palabras principal consecuencia, refiriéndome al final del periodo reproductivo de la mujer como consecuencia de la disminución de hormonas, porque esta disminución hormonal acelera el proceso de envejecimiento en la mujer y en relación a estos cambios físicos acelerados nuestra psique reacciona y mucho se mueve dentro de nosotras.

Para mí, una de las consecuencias de la menopausia que me han traído un poco contrariada han sido los sofocos nocturnos, sobre todo en invierno. Cuando me daban, quitaba toda la ropa de la cama, cuando pasaban, me helaba de frío y por las mañanas me levantaba cansada por el ajetreo nocturno. Gracias a Dios las olas de calor nocturno van desapareciendo.  Pero por otro lado,  la desaparición del período ha sido una bendición porque yo tenía un síndrome premenstrual bastante jodido a nivel anímico,   me ponía muy sensible e irritable, y esos síntomas han desaparecido con los periodos.

Y tú. ¿Cuál es tu experiencia? ¿Cómo te sientes respecto a la menopausia? ¿Qué síntomas físicos te molestan más? ¿Cómo van tus emociones? ¿Y tu vida sexual? ¿Qué cosas te preocupan? ¿Qué ventajas encuentras a esta nueva etapa de tu vida?

En los próximos artículos iremos aprendiendo más sobre la menopausia. Hablaremos de los cambios que se producen en nuestros cuerpos y  por ende en nuestra mente y en nuestra  alma.

Espero que me acompañéis en esta aventura.

Carmen Martínez